Archivo mensual: septiembre 2013

De frutos deshidratados, panes integrales y bicimáquinas

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Cuando me empecé a interesar por los huertos urbanos, apenas hace poco tiempo, no me imaginaba que ese tema medular me llevaría a conocer un abanico de cuestiones relacionadas a los cultivos caseros. No se trata solo de elegir una maceta y una semilla para sembrar: se piensa en la composición de la tierra, en el tipo de cultivo y su compatibilidad con las plantas vecinas; se toman en cuenta las fases de la luna, la humedad del ambiente y las horas de sol; se pone atención en los alimentos orgánicos y el contraste con los alimentos procesados, en la preparación y la conservación de los víveres; se reflexiona sobre el comercio justo, la economía local, la competencia desequilibrada y los pequeños productores,

El sábado, -justo el día previo a la conmemoración del Día del Maíz-, asistí a un Tianguis Orgánico realizado con los esfuerzos conjuntos de Senderos Crea-Activos, Panadería Mony Cake y el Proyecto Comunitario Tzenzontle, Además de la venta de productos naturales, se impartieron tres talleres gratuitos y se hizo una demostración del proyecto Bicimáquinas.

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En el Taller de Pan Integral nos enseñaron cómo elaborar bollos con champiñones y acelgas, haciendo hincapié en el uso de ingredientes orgánicos. (Sé que en un sentido estricto, hablar de “alimentos orgánicos” pierde sentido en tanto que todo lo que comemos es, invariablemente, orgánico. Sin embargo el significado otorgado a este término se aclara con más profundidad en la entrada anterior de este blog).

Un rato después de observar el modo de preparación, pudimos probar los panecitos recién salidos del horno.

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El segundo taller fue sobre Deshidratación de Frutos y estuvo a cargo del Proyecto Tzenzontle. Este capítulo arrojó luz sobre varios puntos: la deshidratación es una alternativa para la conservación de alimentos, ayuda a mantener las propiedades y el sabor de los vegetales para ser usados en otro momento y es una forma de aprovechar las energías al alcance de todos, como el sol y el viento. Además la manufactura del deshidratador es muy sencilla; se puede hacer en casa o adquirir uno hecho con materiales de reutilización, directamente con Tzenzontle.

En el tercer taller aprendimos a hacer una Composta Casera, con los desechos orgánicos que generamos cotidianamente en la cocina. Conocimos la clasificación de productos frescos/verdes y secos/cafés, la colocación de los residuos a manera de capas, los aceleradores, y todo el proceso para convertir la basura orgánica en tierra fértil. Este taller forma parte de una serie de sesiones sobre cultivos caseros y huertos urbanos. Si desea más información al respecto, puede contactar a Senderos Crea-Activos.

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El proyecto Bicimáquinas expuso dos de los modelos que no pueden faltar en su cocina: la Bicilicuadora y la Bicimolino. Bueno, quizás usted que me lee y yo tenemos la fortuna de contar con energía eléctrica en el hogar; pero las comunidades que no cuentan con ese servicio, o las personas que deciden disminuir su consumo energético pueden elegir entre estos electrodomésticos activados con pedales: Bicilavadora, Bicibomba, Bicidesgranador, o las más específicas: Bicidespulpadora de café y la Bicicascadora de nueces.

Aproveché el Tianguis Orgánico para comprar algunas plántulas, que ya están instaladas en casa. Esperaremos algunos meses para poder probar una ensalada salida de mi jardín. Por lo pronto, mi huertito ya tiene: yerbabuena, albahaca, orégano, menta, lechuga romana, betabel, jitomate, cilantro y brócoli. Les dejo unas fotitos:

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¡Saludos!

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Ecotour: pedaleando hacia el consumo responsable

Es difícil llegar a un acuerdo sobre lo que significa hablar de productos orgánicos. Cada quién tiene una definición así cómo cada cuál tiene un proceso específico para su preparación o cultivo. En esencia, según he llegado a entender, se considera producto orgánico aquel al que no se le han agregado agentes químicos artificiales ni semillas genéticamente alteradas, ni procesos invasivos. El resultado es un producto de lo más puro y natural, casi silvestre, que conserva todas sus propiedades nutritivas y por lo tanto, es más recomendable para el consumo humano.

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Esto lo aprendí el fin de semana durante el Ecotour, un recorrido en bicicleta organizado por el colectivo “Ecotapatío“, que nos mostró cuán afortunada es la ciudad de Guadalajara por la variedad de lugares que comercializan alimentos orgánicos: desde semillas, vegetales, miel, panes y galletas, huevo, pollo, mermeladas, café y chocolates, hasta productos no comestibles como jabones, cremas, lociones y más.

Un factor importante que conviene resaltar al respecto de los productos orgánicos es el hecho de que la mayoría proviene de productores locales, por lo tanto, al elegir estos productos se refuerza la economía de los pequeños productores, en lugar de privilegiar a los grandes corporativos. Consumir productos orgánicos tiene entonces implicaciones positivas en nuestro organismo, pero también en la economía local.

El Ecotour agrupó a una veintena de curiosos, de varias nacionalidades, -algunos neófitos en el tema, como yo- y nos llevó a conocer varios puntos clave para el consumidor responsable: entre tiendas, restaurantes, huertos comunitarios y una casa ciclista (al hacer click en el nombre de cada lugar serás redireccionado a su página de Facebook, donde encontrarás dirección y teléfonos).

Finca Riveroll. Café y chocolate orgánico en el Andador Coronilla. Para tomar ahí o para llevar.

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Panadería Pablito. Pan, vegetales, pollo, huevo, brotes y semillas para huertos en casa.

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El País de las Maravillas. Una pequeña cafetería que además vende productos organicos, infusiones, humus, jabones, etc.

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Casa Ciclista. ¿Por qué visitar una casa ciclista en un tour de productos orgánicos? Mario, uno de los guías, explicaba que suelen crearse vínculos entre nuestros hábitos de consumo, nuestras formas de transportarnos, nuestra visión del mundo. Yo pienso: al igual que los cultivos orgánicos, la bicicleta tampoco requiere de agentes químicos, ni aditivos, y su uso no genera desechos dañinos para el ambiente.

Un dato curioso: esta Casa Ciclista (que pertenece al colectivo GDL en Bici) recibe turistas ciclistas provenientes de distintas partes del mundo, a los que les provee de un lugar para dormir y servicios básicos para pernoctar y continuar con su viaje.

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Huertos Urbanos Santa Tere. Hicimos una parada en el Parque José Clemente Orozco para ver de cerca los huertos comunitarios que fueron impulsados por el proyecto Mejor Santa Tere. En la foto se ve parte del grupo descansando en el pasto, y a la derecha las milpas, ¡bastante crecidas!

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Sentido Común. En este punto degustamos algunos de los productos que tienen a la venta: mermeladas, miel, pan orgánico, verduras al vapor, chicharrón de soya, agua de alfalfa.

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Ecotienda. Muy surtida. Aquí puedes encontrar plantas de hojas aromáticas, todo tipo de comestibles orgánicos y productos naturistas. Nosotros visitamos la sucursal de Morelos, pero la foto es de la tienda de Chapalita.

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Señor Sol. Nuestra parada final fue el restaurante El Señor Sol, donde probamos dos deliciosos platillos vegetarianos: pozole y pacholas, acompañados con agua fresca de yerbabuena.

Image  pozole

El colectivo Ecotapatío busca hacer más fácil la ubicación de aquellos negocios que distribuyen productos orgánicos y de productores locales. Además del Ecotour (que ojalá sea el primero de muchos) está preparando una revista que nos acercará aún más a la oferta de consumibles orgánicos en la ZMG. Esperamos tener noticias pronto.

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Tormenta tropical y TV de 40 pulgadas

Las situaciones límite sacan lo mejor y lo peor de la gente. Un catálogo de actitudes controversiales se ha visto en los últimos días en las costas de Guerrero, donde las prioridades de algunos –sin afán de generalizar- no se limitan a sobrevivir y ayudar a los necesitados, sino que buscan sacar provecho de donde se pueda. Como dice el dicho, quieren llevar agua a su propio molino, al fin que agua hay mucha.

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(Este es el enlace original donde se publicó la fotografía).

En una de las tantas galerías de fotos de la devastación, encontré una donde figuraban tres pantallas planas nuevas, empacadas, ridículamente resguardadas a mitad de la gran laguna de agua lodosa que cubre la ciudad. Digo ridículamente porque bajo circunstancias como esas, los esfuerzos tendrían que estar encaminados a conseguir víveres y artículos de primera necesidad, no a hacerse de bienes de lujo como parte de un robo multitudinario.

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Más tarde leí algunas notas de periódico donde se describía la rapiña que ocurrió contra la tienda Costco Acapulco y todo tuvo sentido. En los minutos siguientes, una amiga que trabaja en Yamaha me hizo llegar otra imagen de parte de sus colegas en aquella zona, donde confirmaba la versión.

En las redes sociales leí todo tipo de comentarios, desde los que reprobaban tajantemente a los “delincuentes” (así se les calificaba), hasta los que justificaban las acciones alegando la evasión de impuestos de la compañía en cuestión. Personalmente, lejos de ideologías moralistas o religiosas, el hecho de tomar algo ajeno no me deja con la conciencia tranquila, mucho menos si me estoy aprovechando de las circunstancias desfavorables. Además, pensando de manera pragmática, ¿qué tan práctico es cuidar una smart tv y mantenerla alejada de la humedad en un sitio que tiene el agua hasta los huesos?

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Dejando de lado las televisiones, la misma amiga me contó que su empresa estaba prestando sus lanchas y acuamotos para hacer labores de rescate y transportar personas. Ellos solo prestaban los equipos, y las maniobras eran realizadas por los lugareños, lancheros y pescadores. Me pareció noble escuchar eso: una dosis de fe en la humanidad.

Luego supe que los “héroes” pedían -cómo no- una compensación por su trabajo. Se me desmoronó poquito la confianza en la buena voluntad de la gente. Me imaginé una conversación del tipo: “Hola señora, vengo a rescatarla. Serían 100 pesitos”, o un discretísimo “Lo que sea su voluntad, ya ve que a uno también le afectó la lluvia”.

Después me enteré de un agravante a la ya de por sí caótica situación: con la inundación, varios cocodrilos salieron de la laguna Negra de Puerto Marqués y de otras lagunas de la región. Algunos de los animales ya habían sido capturados. A este peligro se suma la poca visibilidad que hay en las aguas turbias.

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Nos llegan historias en pedacitos sobre lo que se está viviendo en torno a este desastre: favoritismos en el aeropuerto militar durante la evacuación de turistas (nota de Marcela Turati en Proceso), aumentos exponenciales en el precio de los víveres, incluso desconfianza de ciudadanos para hacer aportaciones en centros de acopio.

No se trata de hechos menores. Son síntomas de una población desconfiada, fragmentada y resentida. La tormenta tropical llega en una época de enorme tensión para el país, pero con todo y eso, hay muchas personas en la zona costera que verdaderamente necesitan apoyo. Si se animan a echar una mano, aquí van datos de dos opciones:

  • Cruz Roja, cuenta bancaria Bancomer 0404040406. Clabe Interbancaria: 012180004040404062.
  • Centro de Acopio Iteso, campaña “Voces de Auxilio por Guerrero”:

Los alimentos que se recibirán en los centros de acopio son atún (85-155 gramos), sardina (330 gramos), chiles (380 gramos), verduras en lata o tetra pak (380 gramos), aceite para cocinar (un litro), frijol (500 gramos y un kilo), arroz (500 gramos y un kilo), lenteja (500 gramos y un kilo), sopa de pasta (200-500 gramos), sal (200-500 gramos), mayonesa (380 gramos), café soluble (80-100 gramos), azúcar (1 kilo), mermeladas (500 gramos), chocolate en polvo o tableta, galletas dulces y saladas (100-200 gramos), consomé de pollo o res (cubos o polvo).

En cuanto a artículos de limpieza, se requieren los siguientes: jabón en polvo (un kilo), líquidos limpiadores y desinfectantes (un litro), escobas, jaladores y trapeadores, jergas, franelas y cubetas.

En el caso de artículos de higiene personal, se puede llevar a los centros de acopio papel sanitario (4 rollos), toallas femeninas (en paquete), cepillos dentales, pasta dental, shampoo, jabón de tocador y rastrillos y crema de afeitar.

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Máquinas de escribir, mujeres y los 50’s

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La mitad del siglo pasado fue la era dorada del secretariado, una de las máximas aspiraciones profesionales de las mujeres que decidían ser económicamente activas. En una sociedad de postguerra que se acostumbró a incorporar novedades tecnológicas en la vida cotidiana, las máquinas de escribir y sus respectivas usuarias pronto fueron indispensables en cualquier entorno de oficina.

Después de ver la película francesa “Mi historia entre tus dedos” (Populaire, 2012) -que por cierto no guarda ninguna relación con la canción homónima- rescato dos estupendos personajes que tomaron su posición de secretarias como un escalón para alcanzar un objetivo mayor.

Rose Pamphyle es la protagonista de Mi historia entre tus dedos, una joven que comienza trabajando en la oficina de Louis Échard, para luego de un arduo entrenamiento, participar en concursos nacionales e internacionales de mecanografía en el año 1959. Es un filme divertido, sin grandes pretensiones, con una narrativa lineal y una comicidad pocas veces vista en el cine francés que llega a nosotros. La estética impecable de algunas escenas llegó a recordarme el estilo de Almodóvar, con colores vibrantes en los vestuarios y escenarios. Todavía estará en cartelera dentro del 17° Tour de Cine Francés en Guadalajara.

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Un dato que me sorprendió fue enterarme de que esos concursos verdaderamente existieron en el siglo XX. Hoy, lo más cercano que encontré fue un sitio llamado TypeRacer donde puedes competir en tiempo real con otras personas para ver quién escribe más rápido. Puedes intentarlo en el siguiente link: http://play.typeracer.com/

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El segundo personaje es quizás uno de mis consentidos: la popular Peggy Olson, de la serie Mad Men, ambientada en los 60’s. Ella también inició frente a una máquina de escribir, tomando recados y llevando las agendas de los ejecutivos, pero su potencial y sus aspiraciones de entrar a un “negocio de hombres” le bastaron para colocarse en un nivel distinto al de las otras secretarias. Sin revelar datos a quienes no han visto la serie,

¿Te tocó utilizar máquinas de escribir? ¿Conservas alguna? ¿Recuerdas otro personaje del cine o la TV vinculado a la mecanografía que haya trascendido? Envíame tus comentarios a: @karlagodin

Que disfrutes el día de asueto 🙂

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Mi próximo reto: un huerto urbano

Esta entrada tiene mas preguntas que respuestas, porque justo estoy en la búsqueda de saber más sobre el arte de los huertos urbanos. Agradeceré consejos y fuentes de información que puedan servirme en el camino.

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No sé cuándo fue la primera vez que escuché el término “huerto urbano“, pero imagino que de inicio debió sonarme a un concepto radical pro-ambientalista, o a una práctica retro para emular las costumbres de las abuelitas de tener variedad de plantas -comestibles o medicinales- en el patio del hogar. Ahora, tiempo después, he tenido oportunidad de masticar con más calma el término y comprender mejor lo que significa.

Sin haber entrado de lleno al tema, he hecho pequeños descubrimientos que me invitan con mayor fuerza a llenarme las manos de tierra para hacer germinar mis primeras plantitas. Las ayudas y recomendaciones son más que bienvenidas.

Empezando por lo práctico. Tenía una amiga que un día nos invitó a comer en su casa, y de su jardín tomó hojas de albahaca para cocinar. Tenía también yerbabuena, chiles, y no recuerdo qué otras tantas especies. Desde el punto de vista pragmático, tiene todas las ventajas tener a la mano ingredientes para tus platillos cotidianos, a la vez que llenas tu patio de verde.

Comida sana. Con tantas reformas que se nos vienen encima, no está demás asegurar algunos productos comestibles que no nos demanden dinero, y que además sean saludables. Pienso por ejemplo en jitomates, orégano, o unos elotes para autoconsumo. Insisto, no soy conocedora del tema, así que antes de elegir las plantas debo informarme sobre las condiciones que necesita cada especie para poder crecer.

Paciencia y perseverancia. En estos tiempos, la paciencia es una virtud en peligro de extinción. Las personas cercanas a la tierra necesitan ser pacientes y perseverantes para ser recompensadas con una planta o fruto de calidad. Entre tanta inmediatez, no me caería mal recordar que algunas cosas requieren su tiempo, como los brotes de un pequeño huertito.

¿Antisistema? En días pasados escuché a alguien decir que un huerto comunitario es un primer paso para dejar de darle nuestro dinero a las grandes corporaciones. No es que sea una táctica revolucionaria ni mucho menos, pero tiene lógica pensar que se disminuye la dependencia al sistema mercantil si se logra una producción suficiente para auto proveerse. ¿Será?

Motivo de convivencia vecinal. Este es el punto más esperanzador. No puedo dejar de hacer mención del proyecto Mejor Santa Tere, que entre sus actividades logró reunir a una comunidad en torno a un huerto comunitario, cuyo cuidado depende de ellos, y las cosechas también se reparten entre ellos. Y debo decirlo, también es uno de los referentes que más me inspiró a animarme con mi huerto propio.

Sin pretextos de falta de espacio. Últimamente he visto ingeniosas estructuras para plantas, algunas hechas con material reciclado, botellas, tubos de pvc, cajas de madera, pallets, etc, que optimizan el aprovechamiento del espacio para colocar las macetas incluso en forma vertical. Interesante echarle un ojo a las posibilidades.

Por último, comparto los vínculos a oportunidades próximas para acercarse a personas expertas en estos temas: un taller de huertos, un recorrido ciclista con información y la visita a huertos, tiendas orgánicas y más. Si conocen otros espacios, agradeceré que me los hagan saber.

Taller de Huertos Urbanos en Iteso, viernes 20 de septiembre. Para la comunidad universitaria y el público en general.

¡Recorrido ciclista!, viernes 21 de septiempre. Organiza Ecotapatío. Cupo limitado a 20 personas.

La Bioguía, en este popular sitio, más que técnica, se encuentran algunos diseños inspiradores para organizar las plantas de formas creativas y hermosas.

Esperemos que en unos meses veamos el avance de nuestro huerto. @karlagodin

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¿Y si pudieras cambiar el curso de tu vida?

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Imagina que a tus 40 años te dan la oportunidad de regresar el tiempo a la época en que tenías 16, y poder cambiar las decisiones que hiciste en aquel entonces para, en consecuencia, cambiar el curso que tuvo tu vida. ¿Lo harías?

Me cuesta trabajo pensarlo (empezando por que no tengo 40, ni 30, ni 25), pero la posibilidad se antoja interesante. Cuántas veces no nos hemos visto en la coyuntura de tener que tomar una decisión, y tratamos de visualizar lo que ocurriría en el caso de que una cosa o la otra se materializaran: cambiar de trabajo o mantener el actual, hacer un viaje o ahorrar para alguna compra, terminar una relación, estudiar cierta carrera…

Con estas reflexiones empecé el 17° Tour de Cine Francés, con la película Camille Redouble (click para ver el trailer). Camille (Noémie Lvovsky) despierta en una cama de hospital reviviendo su juventud y enfrentándose a la disyuntiva de recorrer el mismo camino o cambiar el rumbo, ahora que sabe cómo terminarán las cosas. ¿Debería enamorarse del mismo hombre?, ¿embarazarse?, ¿acercarse más a sus padres? Me pareció un filme muy divertido, reflexivo, e ideal para los enamorados de la estética ochentera.

Si quieres verla, revisa la cartelera de la ciudad, porque todavía se presentará algunas fechas más. De paso, mira las demás funciones del festival. Yo seguramente iré a ver otras tantas.

¡Saludos!

@karlagodin

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Una serie de eventos… para ver series

Spoiler Alert:

En la primera temporada de Orange is The New Black, Piper hace prometer a Larry, su prometido, que la esperará para ver juntos Mad Men cuando ella salga de prisión. Más adelante vemos que él rompe la promesa. Sin embargo, esa petición -que para mí fue clave para despertar mi empatía con Piper- inspira la entrada de hoy.

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Una cosa que me encanta de las series es que cada quien decide el momento y las circunstancias generales para verlas: en qué momento del día, dónde y con quién. De algún modo, esa “rutina” marca nuestra forma de apreciarlas o incluso el apego que llegamos a sentir hacia ellas.

Durante el tiempo en que trabajé en una oficina, cada día aprovechaba mi hora de comer para ver un episodio de Mad Men. Fue una serie que vi sola, salvo un par de capítulos que vi en situaciones diferentes, y la comentaba hasta después con personas que tambien la habían visto.

Cuando transmitieron Capadocia, los domingos en la noche mis papás y yo veíamos el capítulo de estreno en su cuarto (el único con HBO). Después me regalaron la versión en DVD, y esa la veía en mi habitación.

En el caso de Breaking Bad y de Orange is the New Black, ambas las inicié sola y las terminé en varios maratones en pareja, donde veíamos 2, 3 o hasta 4 capítulos en una sesión, encargábamos algo de comer o preparábamos en casa. Alguien nos comentó que aprovechaba el largo intro de OITNB para terminar de poner la mesa, y luego claro, comer durante el episodio.

¿Qué pasa cuando por alguna razón tu estilo para ver una serie cambia? A mí me acaba de ocurrir. De entrada hay un sentimiento de añoranza, porque se vuelve una actividad que rememora las antiguas costumbres para ver esa serie en particular (añado: la llegada de Breaking Bad temporada 5 a Netflix coincidió con mi ruptura).

La parte positiva de esto: últimamente me he enterado de otras personas que comparten el gusto por estas historias, y ha sido un buen pretexto para platicar y, quién sabe, después organizar una reunión para ver varios capítulos entre amigos.

¿Tú cómo ves tus series? ¿Alguna se ha quedado marcada por el contexto en que la viste? Coméntame, mi twitter es @karlagodin

Hasta pronto.

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3 veces Audrey

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El cliché del cine francés actual debe estar representado por Audrey Tautou, una de las más famosas y talentosas actrices de Francia (si no la más) y reconocida a nivel mundial. Su posición podrían pelearla en todo caso Marion Cotillard y quizás Mélanie Laurent, pero Tautou sigue siendo mi favorita.

Aunque saltó a la fama al interpretar a la entrañable Amélie Poulain, ya hace mucho que dejó atrás ese papel para desarrollar personajes mucho más maduros y complejos. A propósito del 17° Tour de Cine Francés que llegará en unos días a nuestra ciudad, quiero traer a cuenta las tres últimas películas que vi este año donde Tautou aparece:

Contra el Viento (Des Vents Contraires, 2011).

Una aparición breve pero central para toda la trama. Audrey interpreta a Sarah, una madre de familia que desaparece misteriosamente, dejando atrás dos niños pequeños y un esposo angustiado que no sabe cómo manejar la situación. Mira el trailer aquí.

La Delicadeza (La Délicatesse, 2011).

La que más disfruté de las tres. Una conmovedora historia donde Nathalie (Tautou) enfrenta el reto de sanar un corazón roto y buscar una nueva oportunidad de encontrar el amor y ser feliz. El trailer aquí.

Retrato Íntimo (Thérèse Desqueyroux, 2012).

Thérèse es una mujer que, en los años 20’s y con un matrimonio arreglado, descubre que su espíritu libre, su pensamiento adelantado a la época y su gusto por la literatura y las artes, tambalean un universo prefabricado donde reinan las apariencias. Encuentra el trailer aquí.

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¿A ti te gusta esta actriz? ¿Viste alguna de estas películas? ¿Qué otro personaje que ella ha representado te gustó?

Escríbeme en Twitter: @karlagodin

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Pierde el miedo a los cambios, decían.

La capacidad de adaptación es eso que Darwin definía como el método que asegura la supervivencia, bien sea de un ser vivo o de una comunidad.

Adaptarse es afrontar las nuevas circunstancias que se presentan, y aplica para cualquier ámbito: el círculo de personas con el que te relacionas, tu lugar de trabajo, tu hogar, tu barrio… Todo aquello que está en constante cambio demanda cierto grado de adaptación, de aceptación, de entendimiento.

Yo, por ejemplo, estoy a mitad de un proceso adaptativo por el que indudablemente han pasado o pasarán quienes se atreven a pisar el territorio de las relaciones de pareja: me he quedado sin novio y me veo en la necesidad de replantear mi día a día, mis aspiraciones, mis costumbres, mis sentimientos, a fin de seguir con el curso normal de mi vida sin caer en el intento (o igual con un par de tropezones).

He aquí un sencillo pretexto para retomar el gusto por jugar con las palabras, una de mis cosas favoritas desde siempre, y que por una u otra razón no le había dado su lugar especial. Este blog es mi terreno de juego para editar pensamientos (haciendo honor a mi nombre en desuso: Edith).

Verá usted, querido lector, el variopinto menú de temas que caben en este espacio. Se reciben con gusto comentarios aquí o en Twitter: @karlagodin

Nos leemos pronto.

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