Mi momento Walter White

Llevo la mitad de mi vida lidiando con la migraña. Empezó a manifestarse cerca de los doce años, y ahora a mis 24 estoy decidida a ponerle un alto. Basta. Me cansé. #NiUnaMás.

La migraña con aura representa una incapacidad ambulante. Va y viene. Aparece, ataca con todo su poder demoledor y desaparece sin dejar rastro. Me acompañó en mi etapa de estudiante, en mi vida laboral y por supuesto en viajes (el inolvidable paseo por el castillo de Chapultepec, ese día de sol por el cañón del Sumidero en Chiapas, o en aquel viaje de negocios al DF). No tengo la menor intención de que siga siendo parte de mi vida, mucho menos que se convierta en una limitante.

En días recientes, tras el séptimo cuadro migrañoso del año, supe que era momento de verificar que todo estuviera bien al interior de mi cabeza.

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¿Y si algo no anda bien?

Aunque las probabilidades son muy bajas, en algunos casos las migrañas recurrentes pueden ser síntomas de un problema mayor.

Para descartar este escenario, lo más adecuado fue someterme a una tomografía y pedir la valoración de un neurólogo. Estando ahí en el aparato, el único personaje con el que pude sentirme identificada fue con Walter Hartwell White -con quién más-.

Paréntesis. Hasta ese momento, creo que no me había puesto a pensar en qué pasaría si verdaderamente hubiera un problema grave adentro de mi cerebro. Todos estamos expuestos a ello. Conocemos historias trágicas -reales o de ficción- que empiezan así, con análisis de rutina que se vuelven el inicio de una tortuosa carrera contra el tiempo, llena de hospitales, doctores, operaciones, viajes imprevistos, deseos de última voluntad, etcétera. Quizás era ir muy lejos, pero por un segundo me imaginé protagonizando una historia de ese tipo.

La luz al final del túnel

Confieso que exhalé muy fuerte cuando supe que todo estaba bien, y el neurólogo confirmaba que en mi cabeza no había ningún inconveniente, y que lo mío no era más que una migraña moderada que habrá que controlar con medicación y algunos sacrificios (no más café ni chocolate por el momento… sacrificios, al fin y al cabo).

Y pues sí. Fueron las mejores noticias que podría esperar. Puedo continuar con el curso habitual de mi vida y si todo va bien, en lo sucesivo los episodios de migraña serán cada vez menos. De por sí, después de los 30 años ya son mucho menos frecuentes. Así que llevo las de ganar. Un día me voy a poner a mano con todas las tazas de café y los chocolates que no consumiré en estos tiempos, ya verán.

Un poco de información, ¿qué es eso de la migraña con aura?

La migraña con aura es el c-c-c-combo breaker de las cefaleas. Cada persona lo experimenta en diferentes formas e intensidades. En un episodio típico mío, además del intenso dolor de cabeza, sucede más o menos lo siguiente:

  • Afectación visual. Mi campo de visión se vuelve incompleto. Es como cuando te acaban de tomar una foto con flash, o viste el sol o un foco y no puedes ver una parte de la imagen. Así pero no se quita. Ves los rostros a la mitad. Está de más decir que se vuelve imposible leer en esas condiciones.
  • Afectación del tacto. El segundo síntoma es el entumecimiento en las manos, labios, parte de la cara, lengua y/o paladar. Es sensación de hormigueo y sensibilidad distorsionada (siento malestar con el solo hecho de recordar los síntomas para describirlos).
  • Afectación del habla. Este síntoma es EL HORROR, pero por fortuna no siempre aparece. Es el más desesperante porque de pronto no puedo hablar. Algo pasa en mi cerebro que no soy capaz de conectar la mente con la boca para articular palabras. Lejos de ser chistoso, es como de película de miedo porque lo que intento decir suena como a un dialecto raro.
  • Náuseas y más náuseas. Las náuseas encuentran un nuevo significado con la migraña. Pueden durar por horas, levantarme si logré dormir, perdurar hasta el día siguiente, y hacerme vaciar el estómago hasta sacar el alma.

Este post va dedicado a todos los que me han enviado ánimos, cariños y buenos deseos de recuperación cuando me he sentido mal. ¡Gracias infinitas!

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Categorías: Vida DIaria | Etiquetas: , , | 7 comentarios

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7 pensamientos en “Mi momento Walter White

  1. Ay Karla! Qué te puedo decir? Solamente que deseo con todo (mis fuerzas, mente, alma y corazón) que eso desaparezca de tu vida para siempre

  2. Caste

    Siempre he creído que las discapacidades o más evidentes debilidades son la clave, para desarrollar en torno a ellas, el talento que nos sacará adelante en la vida. Que nos hará exitosos y felices. Nuestras condiciones de enfermedad, o debilidad hacen que nos adaptemos a lo que creímos jamás podríamos adaptarnos. Compensamos mediante desarrollo de habilidades nuevas y únicas el vacío que crea nuestra discapacidad,siendo esta mejor maestro que la vida nos acomoda. Bien aprovechada la migraña, puede que llegue un momento en que habrá más por agradecer, que por recriminarle…

    Saludos!

    • Me gusta mucho tu reflexión, y coincido contigo. Es cierto que siempre tenemos una discapacidad, o debilidad, o talón de Aquiles. Y de acuerdo a ese “pie del que cojeamos” creamos un mecanismo de compensación. En mi caso, me ha hecho valorar los momentos en los que me encuentro bien, y agradecer las personas que muestran su apoyo cuando más lo necesito. Seguro seguiré encontrando otros aspectos para aprovechar esta condición. ¡Saludos!

  3. ¿La de las radiografías eres tú? Si es así, tienes un bonito cráneo, jaja (emmm…).
    Documentaste tan bien los síntomas de tu padecimiento, que me hiciste recordar a esas personas que aprovechan alguna enfermendad, pasajera o permanente, para escribir (me viene a la mente David Finch y “The journal of best practices”). Y el resultado suele ser, por un lado, un documento valiosísimo para los investigadores que se interesan en sus padecimientos; y, por otro, un auténtico canto a la vida. ¿Acaso no solemos valorar más la vida cuando la tenemos condicionada? Así sea por una pequeña molestia –tengo un dolor de rodilla por el que temo no poder bailar en el futuro–, o por una condición irreversible e inhabilitante.
    Un fuerte abrazo y ánimo. Ya lo dijiste en tuiter: siempre nos quedará el té. Salud.

    • ¡Hola Chris! Así es, yo posé para esas sensuales fotografías. En el extremo derecho se alcanza a distinguir “Godínez Hernández Kar…”
      Efectivamente, la vida se valora al doble cuando se tiene bajo condición. Lo sé ahora que tengo limitados algunos alimentos que antes eran, digamos, placeres predeterminados. Yo espero que el baile nunca te falte, pero disfrútalo y aprovéchalo al máximo ahora que lo tienes seguro.
      De cualquier modo, situaciones como esta siempre serán buenos pretextos para aprender, escribir y compartir.
      Un gran saludo y gracias por leer. Salud.

  4. Pingback: Cómo dejé de tener migraña | Jos Velasco

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