Archivo del Autor: Karla Godínez

Realidad Desenfocada

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Pertenezco a un linaje de miopes. Hice honor a la dinastía familiar al tener una vista imperfecta, al igual que mis padres, mi hermano, varios de mis tíos y primos. Mis defectos visuales se encuentran en un incómodo punto medio: no veo tan mal como para depender permanentemente de las gafas, ni tan bien como para decidirme a renunciar a ellas.

La mala visión ha sido un tema recurrente en mi vida porque también los ojos han sido centrales desde que nací. “Tiene ojos de color”, decían las señoras tapatías al conocerme, cuando yo era apenas una bebé. No se preocupaban por ocultar su sorpresa al voltear a ver los ojos cafés de mis padres. “Ojos de color”, qué expresión más imprecisa, propia de la región del occidente de México, como si “de color” fuera sinónimo de azul, verde o gris (ni siquiera ahí hay consenso). “La hierba es de color”, “el cielo es de color”, “cuenta chistes de color”, la misma carencia de sentido persiste en uno y otro ejemplo.

En la escuela pública seguí siendo la niña de ojos de color. Me pregunto qué hubiera pasado si hubiese estudiado en colegios privados. Quiero pensar que en ese ambiente resulta ineficaz reconocer a los alumnos por el tono de su iris, porque la gama debe de abarcar todos los turquesas y esmeraldas que el globo ocular logra recrear.

Fue en la secundaria cuando descubrí que mis ojos de color no enfocaban bien a lo lejos. Recuerdo que cuando tuve mis primeros lentes —a mis 13 o 14 años— me sorprendí de lo nítido que podía verse el mundo. En concreto, hubo dos cosas que se reinventaron ante mí al ser vistas a través de los cristales correctivos: las letras del pizarrón en el salón de clases y las estrellas en el cielo nocturno. Las primeras fueron agradecidas por el lado pragmático de mi persona, mientras que las segundas deleitaron a mi otro lado, el que se ocupa del placer estético.

La mirada nos importa más de lo que sospechamos. El lenguaje nos delata: en español, de acuerdo a la fijeza y a la atención que se invierte en la tarea, podemos ver, observar, contemplar, mirar. Los angloparlantes, expertos en la economía lingüística, usan look, see, watch, gaze, para una idea que se refiere, en esencia, a la misma acción en distintos niveles de intensidad. La mirada le interesa al que la perpetra y al que la recibe, a los que la cruzan e intercambian y a los que la evaden de forma intencional.

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Mi cotidianidad había transcurrido, hasta hace poco, entre usos eventuales de anteojos. Algunas actividades comenzaron a exigirme usar los lentes, sin tregua, por ejemplo: manejar un auto, ir al cine o al teatro. Sin embargo, al pasar los años comencé a experimentar ciertos inconvenientes en una realidad que no está propiamente adaptada para los cuatrojos.

En las innovadoras salas de cine en 3D, el elemento esencial para vivir la experiencia de los filmes que casi te tocan la cara es, precisamente, un par de lentes especiales. Nunca vi una advertencia en letras chiquitas que notificara a los miopes sobre las potenciales incomodidades: Puede ver la película con nuestros lentes para tercera dimensión si primero se quita sus lentes graduados. No nos hacemos responsables por los desenfoques obtenidos; o bien: Disfrute la experiencia de utilizar dos pares de anteojos a la vez. Alta definición y tercera dimensión garantizada (recomendado si usted tiene nariz grande, orejas grandes, o ambas).

Los lentes de sol también me habían resultado complicados. Usarlos implicaba renunciar a la ya de por sí mermada nitidez y además agregar un factor de obscurecimiento que entorpecía más aún mi visión. Claro que siempre estará la posibilidad de mandar hacer unas gafas obscuras graduadas, pero me había facilitado las cosas al usar la mano a manera de visera cuando sentía que de verdad la luz me fastidiaba.

Quizás la mayor desventaja de usar anteojos es la posibilidad de perderlos. Como la vida, como el amor, como todo: ahora se tiene, pero quién sabe por cuánto tiempo. Los lentes son de esas cosas que uno encuentra frecuentemente en los módulos de objetos perdidos, junto a los paraguas y los llaveros. Perder las gafas te nubla la vista. Perder un amor te nubla la mente. Ni hablemos de perder la vida.

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Me gustaría saber cuántas personas se habrán enemistado conmigo por las veces que me encontraron en la calle y, desde luego, no las saludé porque no llevaba los lentes puestos. Con la miopía, unos pocos metros son suficientes para que el rostro de las personas resulte difuso, carente de rasgos; apenas un manchón de piel con una cabellera igualmente indefinida. También me vi en la situación opuesta: saludar a gente desconocida, pensando que eran amigos o compañeros de la escuela, y descubrir su verdadera identidad al estar a punto de tenderles la mano. Confieso que llegué incluso a abusar a mi conveniencia de esta condición: si en algún momento una persona non grata se cruzaba casualmente en mi andar, prefería aferrarme a mi vista esmerilada y asegurar para mis adentros que seguro no era quien yo pensaba, que era alguien que se le parecía y que, a la distancia, no tenía modo –ni voluntad- para salir de la duda.

¿Qué alternativas le ofrecen en el consultorio a los miopes como yo, a los hipermétropes o a los astigmáticos? Esencialmente dos: la cirugía y los lentes de contacto. La primera la he dejado como último recurso para cuando llegue el momento en el que ninguna otra reparación temporal me dé buenos resultados. La segunda opción fue para mí un descubrimiento formidable y reciente; hasta ahora ha sido la elección más cómoda para mi vida diaria y el disparador de esta serie de reflexiones desenfocadas.

Me tomó una hora colocarme un par de pupilentes por primera vez. Una batalla de lágrimas y parpadeos se interponía en mi camino hacia la agudeza visual. Después de días y consejos de usuarios veteranos de lentillas, logré dominar la técnica y ahora soy capaz de aclararme el mundo con este par de circulitos transparentes en apenas unos segundos. A partir de entonces, he hecho las paces con las gafas de sol y los lentes para el cine en 3D, con los letreros de los nombres de las calles y, desde luego, con los rostros de la gente a mi alrededor.

Nunca he sido de las personas que evaden la mirada de sus interlocutores, mucho menos ahora que mis interacciones visuales están en alta definición. Mis ojos de color gozan más que nunca el escudriño de los detalles, de los rasgos, de las letras chiquitas. Lo único reprochable es que me he quedado sin excusa para evitar el saludo a los conocidos no gratos que me encuentro por la calle.

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Y cuando desperté, Lyon estaba frente a mí

Se detuvo la banda giratoria una vez que quedó vacía. Todas las maletas habían sido tomadas por los pasajeros que descendieron del avión junto conmigo; sólo quedaba yo ahí, esperando mi valija que nunca llegó. Era el tercer vuelo que tomaba en las últimas 24 horas, tenía descompensación horaria (jet lag), y seguramente Fabián y Pierre ya me estaban esperando en la puerta de las Llegadas Internacionales del aeropuerto de Lyon.

Le pregunté al guardia qué debía hacer, me señaló una oficina donde me darían orientación. La francesa encargada rastreó mi maleta con la ficha que yo tenía y confirmó mis sospechas: “hubo un error, su equipaje fue enviado a San Sebastián. Jé suis désolé.” Me hace gracia que, de todos los lugares a los que pudo haber sido enviada, la maleta fue a dar a la ciudad donde viví seis meses, cuatro años atrás. Luego, la mujer me dio instrucciones para llenar un formulario con mis datos y la dirección a donde deberían enviar la valija. Sin contratiempos, un día después recibí mi maleta a domicilio.

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En 2010 estuve en Lyon por unas horas. Fue uno de los destinos incluidos en un road trip que comenzó y terminó en San Sebastián, se extendió por la Côte d’azur hasta Génova, y la ruta de regreso pasó por Torino, Lyon y Carcassonne. Recordaba algunos de los sitios emblemáticos, como la Place Bellecour, la Basílica Notre-Dame de Fourvière (en la parte alta de la ciudad) y los dos ríos: Rhône y Saône. En esta ocasión he tenido más calma para apreciar cada sitio con mayor detenimiento. Lo mejor de todo es contar con la guía de un habitante de la ciudad que pueda señalar detalles que pasarían desapercibidos para el turista promedio.

Ayer, Fabián me llevó a conocer la zona antigua de la ciudad, conocida como Vieux Lyon. Es irresistible caminar por el entramado de callejuelas empedradas de este barrio, plagado de confiterías, tiendas de diseño, restaurantes y cafés con mesitas al exterior. Aquí se encuentra la Catedral de Saint Jean, el Temple du Change (o el edificio de la Bolsa), la Maison des Avocats (la Casa de los Abogados) y la casa del Guiñol, entre otras edificaciones. Por su arquitectura, el Vieux Lyon fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1998.

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Hoy visitamos el Museo de Historia de la Resistencia y la Deportación, que conserva objetos y documentos de Lyon en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, y registra parte de la historia de vida de los deportados durante la ocupación nazi. El museo se ubica en un edificio que antiguamente era una escuela de servicios militares, pero hoy alberga salas de exhibición, un centro de documentación y una escuela de ciencias políticas. Además de la colección permanente, la exposición temporal que visitamos fue “Pour Vous, Mesdames!” acerca de la vestimenta de las mujeres durante los años de la guerra.

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Algunas anotaciones

Anotación 1. Me ha sorprendido la cantidad de gente joven visible en las calles, en relación a la población mayor. Esto se contrapone con mi concepción de que Francia, al igual que otros países europeos, tienen una población predominante de adultos mayores. Hay posibles explicaciones para esto: a) que hay varias residencias universitarias a la redonda (de la mano con el hecho de que hay varias universidades en Lyon), b) que la gente mayor prefiere vivir a las afueras de la metrópoli, c) que la gente mayor usa menos el transporte público (¿?). No sé cuál es la explicación, el punto es que, para mi sorpresa, he visto pocos viejitos.

Anotación 2. Hay muchos corredores, muchos y a todas horas. También ciclistas, claro. Pero corredores por la calle, que te pasan al lado con sus audífonos y sus tenis y sus pants/licras. Quiero pensar que eso se relaciona con que casi todas las banquetas están parejitas, aptas para correr, pero además están las ciclovías y los caminos a los lados del río. O sea que toda la ciudad es una potencial pista de running.

Anotación 3. Aplaudo la flexibilidad del transporte público. El metro, el tranvía y los autobuses pueden tomarse con el mismo tipo de boleto, y se ofrecen alternativas con tarifas variables: pasaje sencillo, por horas, por días, por número de viajes, etc. Además, el sistema de préstamo de bicicletas tiene muchas estaciones, algunas cerca de las paradas de metro o tranvía. Lyon tiene espíritu multimodal.

 

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Mi momento Walter White

Llevo la mitad de mi vida lidiando con la migraña. Empezó a manifestarse cerca de los doce años, y ahora a mis 24 estoy decidida a ponerle un alto. Basta. Me cansé. #NiUnaMás.

La migraña con aura representa una incapacidad ambulante. Va y viene. Aparece, ataca con todo su poder demoledor y desaparece sin dejar rastro. Me acompañó en mi etapa de estudiante, en mi vida laboral y por supuesto en viajes (el inolvidable paseo por el castillo de Chapultepec, ese día de sol por el cañón del Sumidero en Chiapas, o en aquel viaje de negocios al DF). No tengo la menor intención de que siga siendo parte de mi vida, mucho menos que se convierta en una limitante.

En días recientes, tras el séptimo cuadro migrañoso del año, supe que era momento de verificar que todo estuviera bien al interior de mi cabeza.

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¿Y si algo no anda bien?

Aunque las probabilidades son muy bajas, en algunos casos las migrañas recurrentes pueden ser síntomas de un problema mayor.

Para descartar este escenario, lo más adecuado fue someterme a una tomografía y pedir la valoración de un neurólogo. Estando ahí en el aparato, el único personaje con el que pude sentirme identificada fue con Walter Hartwell White -con quién más-.

Paréntesis. Hasta ese momento, creo que no me había puesto a pensar en qué pasaría si verdaderamente hubiera un problema grave adentro de mi cerebro. Todos estamos expuestos a ello. Conocemos historias trágicas -reales o de ficción- que empiezan así, con análisis de rutina que se vuelven el inicio de una tortuosa carrera contra el tiempo, llena de hospitales, doctores, operaciones, viajes imprevistos, deseos de última voluntad, etcétera. Quizás era ir muy lejos, pero por un segundo me imaginé protagonizando una historia de ese tipo.

La luz al final del túnel

Confieso que exhalé muy fuerte cuando supe que todo estaba bien, y el neurólogo confirmaba que en mi cabeza no había ningún inconveniente, y que lo mío no era más que una migraña moderada que habrá que controlar con medicación y algunos sacrificios (no más café ni chocolate por el momento… sacrificios, al fin y al cabo).

Y pues sí. Fueron las mejores noticias que podría esperar. Puedo continuar con el curso habitual de mi vida y si todo va bien, en lo sucesivo los episodios de migraña serán cada vez menos. De por sí, después de los 30 años ya son mucho menos frecuentes. Así que llevo las de ganar. Un día me voy a poner a mano con todas las tazas de café y los chocolates que no consumiré en estos tiempos, ya verán.

Un poco de información, ¿qué es eso de la migraña con aura?

La migraña con aura es el c-c-c-combo breaker de las cefaleas. Cada persona lo experimenta en diferentes formas e intensidades. En un episodio típico mío, además del intenso dolor de cabeza, sucede más o menos lo siguiente:

  • Afectación visual. Mi campo de visión se vuelve incompleto. Es como cuando te acaban de tomar una foto con flash, o viste el sol o un foco y no puedes ver una parte de la imagen. Así pero no se quita. Ves los rostros a la mitad. Está de más decir que se vuelve imposible leer en esas condiciones.
  • Afectación del tacto. El segundo síntoma es el entumecimiento en las manos, labios, parte de la cara, lengua y/o paladar. Es sensación de hormigueo y sensibilidad distorsionada (siento malestar con el solo hecho de recordar los síntomas para describirlos).
  • Afectación del habla. Este síntoma es EL HORROR, pero por fortuna no siempre aparece. Es el más desesperante porque de pronto no puedo hablar. Algo pasa en mi cerebro que no soy capaz de conectar la mente con la boca para articular palabras. Lejos de ser chistoso, es como de película de miedo porque lo que intento decir suena como a un dialecto raro.
  • Náuseas y más náuseas. Las náuseas encuentran un nuevo significado con la migraña. Pueden durar por horas, levantarme si logré dormir, perdurar hasta el día siguiente, y hacerme vaciar el estómago hasta sacar el alma.

Este post va dedicado a todos los que me han enviado ánimos, cariños y buenos deseos de recuperación cuando me he sentido mal. ¡Gracias infinitas!

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Reencuentro con el mar

i.

Hace un año y medio que no veía la playa. Mis plantas de los pies se emocionaron con el cosquilleo de la arena. Tuve que desentumecer mis pasos antes de llegar al borde del agua. Esquivar cangrejos. El zodiaco dice que los cangrejos y yo nos llevamos bien. Sentí una descarga eléctrica con el primer oleaje en los tobillos. Oleaje en los tobillos. Oleaje en los tobillos. Ya me acostumbré al agua fría.

ii.

Tanto tiempo había pasado y el rugir oceánico seguía siendo familiar. Los nubarrones que amenazaban nuestras expectativas se disiparon lo suficiente. Cuando uno va al mar espera encontrarlo acompañado de un sol brillante, y ese sol que imaginábamos se entretejió con las nubes de tonos pastel. Cayó un poco de lluvia. Gotas dulces, gotas saladas.

iii.

Nadamos en paralelo a la orilla. Nadar debería ser la terapia de bienestar por excelencia. Tal vez lo sea, como todo aquello que nos recuerda a nuestro origen.  Si no, ¿cómo explicar la plenitud que se siente al flotar? Hay todo un mecanismo de liberación vinculado al flote. Flotar es desprenderse de todo, incluso del piso. Soltar. Dejar. Ceder. Confiar. Cuánto trabajo nos cuesta.

iv.

El atardecer dura el doble si se mira desde la playa. Instalados en el palco de arena, la cadencia del tiempo se desacelera. No estamos acostumbrados al transitar paulatino de las cosas. Aquí nuestro tiempo se estira, o esa es la percepción. Más bien sincronizamos nuestros sentidos al ritmo universal. La pregunta es: ¿dónde se pone el astro durante la puesta del sol?

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Teatro, lluvia y títeres

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Hasta pasados mis veintes me hice al hábito de asistir al teatro. Ciertamente había visto obras infantiles cuando era pequeña, llevada por mis papás, e incluso había ido a alguna obra ya mayor, pero con muy poca frecuencia. Tuve que re-descubrir ese gusto, comenzar con algunas probaditas teatrales, encontrar presentaciones de muy variada calidad, para finalmente hacerme asistente regular.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumos Culturales de 2010, realizada por Conaculta, la distancia que existe entre el consumo de teatro y el de cine a nivel nacional, es avasallante: mientras un 75% de los encuestados dijo haber ido a al cine, apenas un 32% ha ido a ver alguna obra de teatro. Puede consultar los resultados de esta encuesta aquí.

En este panorama entran en juego cuestiones como es el costo de una entrada. Aunque a decir verdad las distancias en este sentido se han acortado bastante. El cine ronda los 70 pesos en salas convencionales, y se eleva en salas  Imax, 3D, 4D, VIP y las demás variantes existentes. El teatro, dependiendo del foro y del tamaño de la producción, puede ir de los 60 a los 150, o incluso más, con puestas en escena más elaboradas. Algunas presentaciones son gratuitas cuando se montan en la calle o en el marco de algún festival, pero es difícil que las personas se enteren oportunamente, sobre todo si se mantienen al margen de lo que a teatro se refiere.

Otro factor que influye en este fenómeno es el potencial comercial que tienen los materiales audiovisuales -acudir al cine, comprar el vaso de la película, adquirir el dvd, el videojuego, etc-. El teatro no llega a adaptarse a ese grado de mercantilización, pero incluso eso es parte de su encanto: es efímero, tiene su propia temporalidad, no se le puede capturar ni prestar como una película; en todo caso, se puede recomendar.

Y precisamente por la posibilidad de recomendar obras, comparto algunas de las últimas puestas en escena que he visto. Dos de ellas siguen en cartelera y no las puede dejar pasar. (Si está en etapa de re-descubrir el teatro tapatío, se llevará una grata sorpresa).

Lluvia Implacable

Imagine salir del teatro con la sensación de que acaba de ver una película policiaca, cuando en realidad vio un montaje con solo dos actores en escena y un par de sillas como escenografía. De ese tamaño es la experiencia de Lluvia Implacable, gracias al talento de Javier Lacroix y Mauricio Cedeño. Esta fantástica obra la vi en el marco de la pasada Muestra Estatal de Teatro, y actualmente se presenta jueves y viernes a las 20:30 hrs, en el Teatro Experimental, hasta el 13 de diciembre. Muy recomendable.

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Ángel de Papel 

Con la ya conocida magia de la compañía Luna Morena, Ángel de Papel es una de sus más nuevas producciones. Trata sobre la conmovedora historia de Clara, una mujer que encuentra y adopta a un delicado ángel al que invita a visitar su mundo de papel. Chicos y grandes pueden disfrutar de esta obra que combina títeres y actores sobre un escenario de cartón y periódico. Se presenta los sábados de noviembre a las 17:00 hrs en el Teatro Guadalajara del IMSS.

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Sololoy 

Valiéndose de muñecos, juguetes y otros objetos, Sololoy hace una reflexión sobre la pobreza y los niños de la calle, con la narración de una anciana que comparte sus experiencias de la infancia. Sololoy es una producción de la compañía Microscopía Teatro y se presentó en el Estudio Diana, en el marco del Festival Internacional de Títeres de Guadalajara. (Foto: Yorch Gómez).

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Luna, en los ojos de mi padre 

Luna es una niña indígena. Su papá es periodista y no tiene trabajo, entonces decide emigrar en busca de mejores oportunidades hacia un país donde hablan un idioma extraño. La adaptación es lenta, pero su voluntad puede contra todo. Luna, en los ojos de mi padre es un espectáculo de títeres, acróbatas, música y juegos de luz y sombra, montado por la compañía canadiense Théatre Motus que cerró el Festín de los Muñecos. Mire aquí el video de un fragmento de la obra y maravíllese.

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Para cerrar, comparto el enlace a esta edición del Deshoras Podcast #175, producido en septiembre por Tania Ochoa (@robotania), en donde platica sobre diferentes foros y espacios para ver teatro en Guadalajara. ¡Que lo disfrutes!

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Música, radio y fronteras en el FICM

Dos películas mexicanas y una francesa se suman a mi lista de los filmes vistos en el FICM, con temas que van de la música, a la radio, a los trabajadores de ciudades fronterizas.

Somos Mari Pepa

Este largometraje de Samuel Kishi se derivó de un corto del mismo director que gozó de gran aceptación en el Festival de Cine de Guadalajara en 2011, y en festivales de países como Argentina y Francia. Tomando como punto de partida una banda musical adolescente llamada Mari Pepa, la película nos acerca a la vida de cuatro jóvenes que enfrentan problemas cotidianos: desempleo, estructuras familiares fracturadas, búsqueda de identidad, noviazgos y el despertar sexual, mientras pretenden mantener en pie su grupo para participar en una guerra de bandas. El personaje principal, Alex, lleva además una estrecha relación con su abuela, quien por momentos se contrapone con sus aspiraciones musicales pero que también representa el elemento más constante de su caótica vida adolescente.

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Me sorprendió gratamente la evolución de Mari Pepa, desde el cortometraje hasta esta versión de 95 minutos, que desde luego permite explorar más a fondo las vivencias diarias de los miembros de la banda y reflejan las problemáticas que atraviesa gran parte de los jóvenes mexicanos de la clase media baja. Sin grandes pretensiones, la película transmite una historia divertida, sincera y entrañable.

La Maison de la Radio

El reconocido documentalista Nicolas Philibert se adentra en el corazón de Radio France para sacar a la luz estampas de lo que pasa en el día a día de la radio pública en aquel país. Un edificio blanco y redondo es la casa de las emisiones francófonas que se distinguen por su diversidad: noticias, programas de concursos, música clásica, entrevistas con escritores, artistas pop, experimentos sonoros, producciones literarias sonorizadas, y mucho más.

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El documento no busca dar datos históricos ni contextuales de la radio en Francia, sino poner rostro al mosaico de voces  que inundan las frecuencias y servir como ventana para asomarse a las dinámicas de producción radiofónica actual. Recomendable para todos los amantes de la radio, en cualquiera de sus formatos.

Workers

Dos trabajadores de Tijuana, Lidia y Rafael, son los protagonistas de esta ficción dirigida por José Luis Valle. Lidia es empleada doméstica de una anciana millonaria, que tiene como mascota a una perra de raza galgo llamada Princesa. Rafael es empleado de limpieza en una planta de producción, donde ha desempeñado su trabajo ininterrumpidamente por 30 años. Ambos personajes luchan por empoderarse de una manera discreta en su propio entorno y preservar su dignidad ante todas las cosas.

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Workers es una historia excepcionalmente tejida, con detalles aparentemente insignificantes que se retoman con astucia más adelante en la trama. Cada elemento tiene un porqué y ningún cabo queda suelto. Hasta el momento, mi favorita de la Selección Oficial en la sección de Largometraje Mexicano.

Atracción adicional…

El artista plástico Javiar Marín presenta una colección de colosales cabezas metálicas expuestas en una de las calles peatonales de Morelia. Vale la pena darse una vuelta por este espectáculo público alterno al Festival Internacional de Cine, justo en el centro de la ciudad.

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Morelia huracanada: más del FICM

Apenas se ha dejado ver el cielo azul moreliano. Casi todo lo que va del Festival de Cine lo hemos pasado bajo nubarrones, a consecuencia del huracán Raymond. Eso, desde luego, no impide en absoluto el desarrollo de las actividades del FICM.

Me he quedado con gran sabor de boca después de las últimas tres funciones a las que asistí: un documental, un largometraje mexicano y un programa de cortos. Estas son algunas de mis impresiones.

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La vida después

Me encantó esta película; me pareció una historia espléndida con encuadres hermosos que dejaban ver los sentimientos de sus personajes, por momentos enmudecidos ante la tragedia familiar. Este filme es la ópera prima de David Pablos, y fue la única película mexicana que se incluyó en la 70 Mostra de Venecia.

Los tres personajes que conforman la historia son Silvia y sus dos hijos: Rodrigo y Samuel. Cuando Silvia desaparece, los hermanos emprenden juntos una búsqueda, con gran tensión emocional, secretos de familia, rencores y pocos diálogos. La actriz que personifica a Silvia es María Reneé Prudencio, quien también participa en otra de las películas del festival que veré en los próximos días: Club Sándwich.

Quebranto

Mucho había escuchado sobre esta película documental tras su exitoso paso por el Festival de Cine de Guadalajara y como parte de la Gira de Documentales Ambulante. Ahora ya entiendo porqué. Hasta hace no mucho tiempo, yo imaginaba el género documental como un género que se acotaba a los temas de denuncia y la presentación de problemáticas sociales. Sin embargo, de unos años para acá he descubierto con satisfacción que los documentales pueden tomar como pretexto prácticamente cualquier tema, y presentar fenómenos de la realidad de una manera casi poética. Quebranto es un claro ejemplo de ello.

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Bajo la dirección de Roberto Fiesco, Quebranto cuenta la historia de Fernando García, un transexual que comenzó su carrera actoral desde niño, con el nombre de “Pinolito”; después fue bailarín en el Teatro Blanquita y finalmente decidió convertirse en Coral Bonelli y dedicarse a los shows en bares de la Ciudad de México. La madre de Coral, doña Lilia Ortega –también actriz-, narra con enorme simpatía y gran lucidez los inicios de la carrera de su hijo/a, mientras las cámaras las siguen en un recorrido cargado de remembranzas a los lugares claves de su historia.

No se necesita recurrir a la ficción para hacer que estos dos personajes interesen, conmuevan y despierten la empatía del público, como si se trataran de las protagonistas de una tragicomedia. Destellos de humor disuelven por momentos el entorno sórdido que rodea la vida de Coral y su madre, quienes a pesar de todo contagian su actitud positiva y su inmenso cariño por la actuación.

Cortometraje Mexicano Programa 4

Los programas de cortos incluyen trabajos buenos, regulares y malos. El programa 4 me pareció bastante afortunado, tanto visualmente como en los mensajes de cada producto, aunque como siempre, con un prietito en el arroz. Esta función estuvo compuesta por los títulos: Estatuas (Roberto Fiesco), Silent (José Yapur), Arma Blanca (Mauricio Calderón Rico), Pasajeros (Miguel Fernández), El Regalo (Sergio Umansky), Príncipe (Indra Villaseñor) y Paradisio (Rodrigo Ruiz Patterson).

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Mi favorito fue Arma Blanca, por ser de esas historias que tienen un afortunado vuelco al final. Aparentemente se basa en una trillada dinámica: una trabajadora del hogar que cuida a la caprichosa hija de la casa en la que labora, mientras descuida a su propio hijo; pero el desarrollo y el final del cortometraje hacen que la historia gire maravillosamente.

Dato curioso: en el corto Estatuas, hay una breve aparición de Coral Bonelli, la mismísima protagonista de Quebranto. Y sí, tiene un papel de mujer: directora de una escuela primaria.

Y fuera de los complejos cinematográficos…

Bella Morelia, haces que hasta al algodonero le den ganas de quedarse a mirar un fragmento de las proyecciones al aire libre. Bella Morelia, todavía no te quiero dejar.

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Una güera en el FICM 2013

Me vine a Morelia para la semana del Festival de Cine. Decidí aprovechar la facilidad que me da mi empleo de trabajar desde cualquier lugar que cuente con conexión a internet (benditas dinámicas laborales del siglo XXI). Mi estancia comenzó el sábado y se extenderá hasta el domingo siguiente, para completar un total de 9 días de trabajo habitual combinado con festivaleo intenso.

Llegar a Morelia desde Guadalajara es relativamente fácil. Incluso encontrar hospedaje cerca del centro (donde se concentra la mayor parte de la actividad del festival) es sencillo si se hace con suficiente tiempo. Lo difícil al llegar aquí es encontrar boletos para las funciones que uno quiere. Es cierto, la compra se puede hacer en línea, pero justo por eso se agotan tan rápido.

Mientras tanto, en mi primer fin de semana alcancé a ver tres funciones. Aquí un breve comentario de cada una.

Suzanne

Esta película formó parte de la Semana de la Crítica del Festival de Cannes. Suzanne es una chica francesa que crece con su hermana Maria, bajo el cuidado de su padre viudo. La vida de Suzanne es un ejemplo del dicho “árbol que nace torcido jamás su tronco endereza”, y tras un embarazo adolescente, Suzanne está empeñada en seguir un camino con una metida de pata tras otra. Eso nos recuerda que algunas personas nunca cambian. Dirigida por Katell Quillévéré.

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Paraíso

Cuando un gordito se enamora de una gordita (¡Conapreeeed!), y de parte de uno ellos surge la iniciativa de comenzar una dieta, las posibilidades son: a) los dos bajan de peso, b) los dos rompen la dieta y ninguno baja de peso, c) uno de los dos baja y el otro no, lo que provoca nuevos problemas en la relación. En Paraíso sucede la opción c, y a ella se suma una mudanza desde Satélite hasta el D.F. con sus consecuentes complicaciones en la vida diaria de esta singular pareja. Es un largometraje mexicano en competencia, realizado bajo la dirección de Mariana Chenillo.

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Crepúsculo

Voy a confesar lo que me pasó con esta película (que nada tiene que ver con la saga de vampiros): entré sin saber nada de ella, sin ningún background, y creí es que se trataba de una producción actual ambientada en los 40’s y que reproducía a la perfección el estilo del cine de oro mexicano. Después me di cuenta de que realmente era una película del siglo pasado, concretamente de 1944. Con todo y la confusión, disfruté mucho las sobreactuaciones y los diálogos dramáticos y cursis propios de la época. Esta cinta, dirigida por Julio Bracho, se proyectó como parte del homenaje al 40 aniversario luctuoso del actor mexicano Arturo de Córdova.

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Y no solo hay cine…

El encanto de los festivales se extiende mucho más allá de los calendarios de funciones y actividades: está estrechamente relacionado con los lugares donde se llevan a cabo. No quiero herir susceptibilidades, así que no pondré aquí ejemplos de ciudades a donde no me gustaría ir ni siquiera para asistir a un bonito festival, pero sí debo decir que Morelia se disfruta por su maravilloso Centro Histórico, sus edificios de cantera rosa, y la limpieza que se ve en el primer cuadro de la capital michoacana. Además, este domingo descubrí la Ciclovía, que es el proyecto equivalente a la Vía RecreActiva de Guadalajara.

Entre el Jardín de las Rosas, el Museo de los Dulces (donde probé la tradicional nieve de pasta, elaborada con leche, azúcar y canela), y los portales en todo el perímetro de la Plaza Principal, transcurrirán mis próximos días. Estoy jugando a ser una moreliana más viviendo el FICM. Y hasta ahora, no podría sentirme más afortunada.

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P.D. Gracias a Alex por acompañarme en el inicio de esta aventura.

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De frutos deshidratados, panes integrales y bicimáquinas

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Cuando me empecé a interesar por los huertos urbanos, apenas hace poco tiempo, no me imaginaba que ese tema medular me llevaría a conocer un abanico de cuestiones relacionadas a los cultivos caseros. No se trata solo de elegir una maceta y una semilla para sembrar: se piensa en la composición de la tierra, en el tipo de cultivo y su compatibilidad con las plantas vecinas; se toman en cuenta las fases de la luna, la humedad del ambiente y las horas de sol; se pone atención en los alimentos orgánicos y el contraste con los alimentos procesados, en la preparación y la conservación de los víveres; se reflexiona sobre el comercio justo, la economía local, la competencia desequilibrada y los pequeños productores,

El sábado, -justo el día previo a la conmemoración del Día del Maíz-, asistí a un Tianguis Orgánico realizado con los esfuerzos conjuntos de Senderos Crea-Activos, Panadería Mony Cake y el Proyecto Comunitario Tzenzontle, Además de la venta de productos naturales, se impartieron tres talleres gratuitos y se hizo una demostración del proyecto Bicimáquinas.

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En el Taller de Pan Integral nos enseñaron cómo elaborar bollos con champiñones y acelgas, haciendo hincapié en el uso de ingredientes orgánicos. (Sé que en un sentido estricto, hablar de “alimentos orgánicos” pierde sentido en tanto que todo lo que comemos es, invariablemente, orgánico. Sin embargo el significado otorgado a este término se aclara con más profundidad en la entrada anterior de este blog).

Un rato después de observar el modo de preparación, pudimos probar los panecitos recién salidos del horno.

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El segundo taller fue sobre Deshidratación de Frutos y estuvo a cargo del Proyecto Tzenzontle. Este capítulo arrojó luz sobre varios puntos: la deshidratación es una alternativa para la conservación de alimentos, ayuda a mantener las propiedades y el sabor de los vegetales para ser usados en otro momento y es una forma de aprovechar las energías al alcance de todos, como el sol y el viento. Además la manufactura del deshidratador es muy sencilla; se puede hacer en casa o adquirir uno hecho con materiales de reutilización, directamente con Tzenzontle.

En el tercer taller aprendimos a hacer una Composta Casera, con los desechos orgánicos que generamos cotidianamente en la cocina. Conocimos la clasificación de productos frescos/verdes y secos/cafés, la colocación de los residuos a manera de capas, los aceleradores, y todo el proceso para convertir la basura orgánica en tierra fértil. Este taller forma parte de una serie de sesiones sobre cultivos caseros y huertos urbanos. Si desea más información al respecto, puede contactar a Senderos Crea-Activos.

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El proyecto Bicimáquinas expuso dos de los modelos que no pueden faltar en su cocina: la Bicilicuadora y la Bicimolino. Bueno, quizás usted que me lee y yo tenemos la fortuna de contar con energía eléctrica en el hogar; pero las comunidades que no cuentan con ese servicio, o las personas que deciden disminuir su consumo energético pueden elegir entre estos electrodomésticos activados con pedales: Bicilavadora, Bicibomba, Bicidesgranador, o las más específicas: Bicidespulpadora de café y la Bicicascadora de nueces.

Aproveché el Tianguis Orgánico para comprar algunas plántulas, que ya están instaladas en casa. Esperaremos algunos meses para poder probar una ensalada salida de mi jardín. Por lo pronto, mi huertito ya tiene: yerbabuena, albahaca, orégano, menta, lechuga romana, betabel, jitomate, cilantro y brócoli. Les dejo unas fotitos:

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¡Saludos!

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Ecotour: pedaleando hacia el consumo responsable

Es difícil llegar a un acuerdo sobre lo que significa hablar de productos orgánicos. Cada quién tiene una definición así cómo cada cuál tiene un proceso específico para su preparación o cultivo. En esencia, según he llegado a entender, se considera producto orgánico aquel al que no se le han agregado agentes químicos artificiales ni semillas genéticamente alteradas, ni procesos invasivos. El resultado es un producto de lo más puro y natural, casi silvestre, que conserva todas sus propiedades nutritivas y por lo tanto, es más recomendable para el consumo humano.

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Esto lo aprendí el fin de semana durante el Ecotour, un recorrido en bicicleta organizado por el colectivo “Ecotapatío“, que nos mostró cuán afortunada es la ciudad de Guadalajara por la variedad de lugares que comercializan alimentos orgánicos: desde semillas, vegetales, miel, panes y galletas, huevo, pollo, mermeladas, café y chocolates, hasta productos no comestibles como jabones, cremas, lociones y más.

Un factor importante que conviene resaltar al respecto de los productos orgánicos es el hecho de que la mayoría proviene de productores locales, por lo tanto, al elegir estos productos se refuerza la economía de los pequeños productores, en lugar de privilegiar a los grandes corporativos. Consumir productos orgánicos tiene entonces implicaciones positivas en nuestro organismo, pero también en la economía local.

El Ecotour agrupó a una veintena de curiosos, de varias nacionalidades, -algunos neófitos en el tema, como yo- y nos llevó a conocer varios puntos clave para el consumidor responsable: entre tiendas, restaurantes, huertos comunitarios y una casa ciclista (al hacer click en el nombre de cada lugar serás redireccionado a su página de Facebook, donde encontrarás dirección y teléfonos).

Finca Riveroll. Café y chocolate orgánico en el Andador Coronilla. Para tomar ahí o para llevar.

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Panadería Pablito. Pan, vegetales, pollo, huevo, brotes y semillas para huertos en casa.

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El País de las Maravillas. Una pequeña cafetería que además vende productos organicos, infusiones, humus, jabones, etc.

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Casa Ciclista. ¿Por qué visitar una casa ciclista en un tour de productos orgánicos? Mario, uno de los guías, explicaba que suelen crearse vínculos entre nuestros hábitos de consumo, nuestras formas de transportarnos, nuestra visión del mundo. Yo pienso: al igual que los cultivos orgánicos, la bicicleta tampoco requiere de agentes químicos, ni aditivos, y su uso no genera desechos dañinos para el ambiente.

Un dato curioso: esta Casa Ciclista (que pertenece al colectivo GDL en Bici) recibe turistas ciclistas provenientes de distintas partes del mundo, a los que les provee de un lugar para dormir y servicios básicos para pernoctar y continuar con su viaje.

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Huertos Urbanos Santa Tere. Hicimos una parada en el Parque José Clemente Orozco para ver de cerca los huertos comunitarios que fueron impulsados por el proyecto Mejor Santa Tere. En la foto se ve parte del grupo descansando en el pasto, y a la derecha las milpas, ¡bastante crecidas!

Image  milpa

Sentido Común. En este punto degustamos algunos de los productos que tienen a la venta: mermeladas, miel, pan orgánico, verduras al vapor, chicharrón de soya, agua de alfalfa.

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Ecotienda. Muy surtida. Aquí puedes encontrar plantas de hojas aromáticas, todo tipo de comestibles orgánicos y productos naturistas. Nosotros visitamos la sucursal de Morelos, pero la foto es de la tienda de Chapalita.

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Señor Sol. Nuestra parada final fue el restaurante El Señor Sol, donde probamos dos deliciosos platillos vegetarianos: pozole y pacholas, acompañados con agua fresca de yerbabuena.

Image  pozole

El colectivo Ecotapatío busca hacer más fácil la ubicación de aquellos negocios que distribuyen productos orgánicos y de productores locales. Además del Ecotour (que ojalá sea el primero de muchos) está preparando una revista que nos acercará aún más a la oferta de consumibles orgánicos en la ZMG. Esperamos tener noticias pronto.

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